El País Digital 
Lunes  
28 junio  
1999 - Nº 1151 

   

   
 
 

 

OPINIÓN  
Versión francesa publicada en Le Monde (2.7.99)
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Tamarindo, 34  
ZOÉ VALDÉS 

Ahora que funcionarios norteamericanos del antinarcotráfico han iniciado negociaciones con uno de los mayores narcotraficantes del planeta, me refiero a Fidel Castro Ruz, para luchar contra la droga, y que Western Union, luego de treinta y siete años, vuelve a funcionar como oficina de correos con envíos de dinero a Cuba, recuérdese que, según cifras de la CEPAL, 800 millones de dólares entran anualmente en la isla sólo vía las remesas de exiliados cubanos; ahora que hasta se ha llevado a cabo en la plaza de la Revolución una suntuosa celebración evangélica, donde se comenta que asistieron 100.000 ciudadanos. Y que, por otra parte, el presidente de Estados Unidos descubre con asombro que Castro lo chantajea una vez más exigiéndole que levante el embargo, que pida disculpas, y que si no lo hace destruirá todo USA con una poderosa arma bacteriológica... Este último dato no es más que la trama novelesca del norteamericano Vincent Patrick, quien acaba de publicar un libro titulado Smoke screen (Cortina de humo) en la editorial William Morrow and Co., pero la historia, según expertos, no está muy lejos de la posible realidad, dados los secretos que siempre han ensombrecido las investigaciones del Instituto de Biotecnología en La Habana. Ahora que todo esto tan aparentemente "bonito" se comenta fuera de Cuba, me pregunto una vez más por qué se escatima espacio en los periódicos para hablar de lo que está ocurriendo dentro de Cuba, y socialmente lo más importante es el caso de los ayunantes en protesta pacífica en Tamarindo, 34, en La Habana. Luego nadie venga a llenarse la boca diciendo que en Cuba la gente no hace nada contra el régimen, lo que pasa es que no se dice. Sí, señoras y señores, en Tamarindo, 34, domicilio de Migdalia Rosado Hernández, desde el día 7 de junio, el doctor Óscar Elías Biscet, Rolando Muñoz Yobre, Marcos Lázaro Torres, William Herrera Díaz, Aida Valdés Santana y Leonel Morejón Almagro empezaron una huelga de hambre en condiciones infrahumanas. Los huelguistas tienen como objetivo hacer cuarenta días de ayuno en protesta pacífica contra los cuarenta años del dictador en el poder. Han escrito una carta a Fidel Castro pidiendo la liberación de los presos políticos. A este acto, que sí es un verdadero espacio de libertad, y no lo que promueven los monigotes mercenarios (espacio de libertad es nuevo término cínico, y yo diría que hasta gracioso, que usan los escritores oficiales del régimen cada vez que quieren justificar en el extranjero sus actitudes complacientes respecto al poder), decía que a este acto se han sumado familiares de presos políticos, Vladimiro Roca -uno de los periodistas encarcelados por haber escrito el documento La patria es de todos-, familiares de las víctimas del remolcador 13 de marzo, religiosos, miembros de diferentes grupos políticos en la disidencia interna y en el exilio, personalidades independientes y, sobre todo, cosa muy interesante, mucha gente de pueblo, 500 opositores de todas las provincias de la isla con ayunos de solidaridad con un mínimo de seis horas. En su tercera semana de ayuno a tiempo completo por parte de sus iniciadores podemos hablar de un hecho realmente importante, digno de que aparezca en las portadas de los periódicos y haga la una de los telediarios. Nada consistente aparece. 
 
 

Durante cuatro décadas, una gran parte del mundo y la mayoría de los Gobiernos han confundido la auténtica Cuba con la política de Fidel Castro. Cuba existió desde antes como país de un gran esplendor cultural y económico (en el año 1957 era el tercer país en rango de desarrollo en América Latina, junto a Brasil y Argentina). Cuba no es el invento que la Revolución y sus barbudos se empeñaron en hacer de ella. Más bien lo contrario, los barbudos cambiaron, o borraron, muchas páginas de la historia. De los libros de texto para las escuelas y la enseñanza a las nuevas generaciones desaparecieron una enorme cantidad de nombres ilustres, y de hechos históricos que en buena lid desvirtuaban y ganaban en importancia a aquel movimiento revolucionario, por otra parte, no fue encabezado exclusivamente por Fidel Castro, como se ha pretendido hacer creer. 
 
 

La Europa antiamericana ha equivocado a la Cuba antiimperialista de José Martí con la demencial dictadura castrista. Hoy Europa no es la misma. Hoy Estados Unidos tampoco es lo que ha sido. Cuba sigue enquistada en el círculo vicioso de un dictador que sería capaz de provocar un conflicto mundial con tal de no dar su brazo a torcer, no cediendo un ápice de su poder absoluto. En múltiples ocasiones y con disímiles matices, Fidel Castro ha declarado la guerra al mundo, pero el mundo se ha hecho el de la vista gorda. ¿Cuba no ofrece el respeto suficiente, o Castro es percibido todavía como un resistente solitario y pobre al que hay que apoyar porque, según él afirma, es de izquierdas? Resistente es el pueblo cubano. Un pueblo que desde mucho antes que Fidel Castro siempre fue antiimperialista. 
 
 

Para respetar y comprender a un país, para amarlo y poder hablar con propiedad, hay que conocer su historia, profundizar en su cultura. Es lo que hacemos los latinoamericanos (ejemplo reciente es la película de Raúl Ruiz, Le temps retrouvé), y particularmente los cubanos, cuando nos acercamos a Europa o a América. Nuestra cultura y nuestra historia no son sólo las maracas, los bellos y calientes mulatas y mulatos, el tabaco, el ron y la música para remenear el culo. Cuba es eso también, y más, una idea de la independencia nacida en la experiencia de muchos pensadores y escritores, un cúmulo importante de antecedentes reales que confirman que un escritor como José Martí y un poeta como Juan Clemente Zenea no se inmolaron en vano. Los cubanos, como los europeos ante sus símbolos, también poseemos emblemas poderosos fundados por nuestros antepasados. Provenientes esos símbolos de la existencia pacífica de la población indígena, quienes fueron los primeros moradores, de la honda y apasionada España, de la misteriosa y maltratada África. Incluso, por la parte oriental de la isla, de la racional y al mismo tiempo sentimental Francia, o, aunque en menor cuantía de emigrantes, de la perseverante China. En lugar de avergonzarnos estamos muy orgullosos de nuestro mestizaje. 
 
 

No alcanzaría el tiempo para enumerar los desmanes del castrismo. Hago un llamado a la memoria, cuarenta años de engaño, de sacrificio, de suplicio. Cuatro décadas negándole la información a todo un pueblo, exacerbando lo peor, un nacionalismo de pacotilla en nombre de un enfrentamiento perpetuo que hoy por hoy, en un clima de democracia, no tendría ningún pretexto ni consistencia. Crímenes enmascarados en ajusticiamientos populares, fusilamientos, desapariciones, persecuciones y detenciones de intelectuales, religiosos y homosexuales. Proliferación de campos de trabajo forzado (en otros países, esto se ha llamado campos de concentración). Expulsiones masivas de la población al extranjero por vía marítima y aérea en épocas de agudas crisis internas. Hundimientos masivos de seres humanos en el mar. Cuba cuenta con dos millones de exiliados. Actos internacionales de terrorismo. Interrupción cíclica de las conversaciones para la normalización de relaciones con el Gobierno de Estados Unidos con actividades violentas o de terrorismo. El ejemplo más reciente lo constituyen los últimos editoriales del periódico Granma, órgano oficial del partido comunista, el único partido posible, donde, según el editorialista, las organizaciones de masas (los pioneros entre ellos, es decir, los niños) condenan al señor Javier Solana y a la OTAN por crimen contra la humanidad. Es conveniente señalar que adjunto a este editorial se ha publicado también un llamado a informar del contenido de esa misma acusación a las organizaciones de masas antes mencionadas como firmantes. Más claro, ni el agua. Mientras tanto, el señor Ricardo Alarcón fue enviado a Estados Unidos para reanudar las conversaciones. Dudo de su efectividad en semejante ambiente de tensión creado por las autoridades cubanas. 
 
 

Seré más directa: siempre se nos dijo a generaciones y generaciones de cubanos, y el mundo también hubo de repetirlo, que el señor Nelson Mandela había sido el prisionero que más tiempo había soportado en una cárcel. Con todo respeto por el presidente Mandela, pero esta afirmación debería ser matizada, aunque soy enemiga de comparar los horrores y unos cuantos años de más no añaden ni quitan injusticia a una causa. La verdad es que el señor Mario Chanes podría pretender el récord, antiguo asaltante del cuartel Moncada, invasor del Granma y fundador del Movimiento 26 de Julio, cuando se enfrentó a Fidel Castro, entonces su vida dio un giro inimaginable, convirtiéndose en uno de los prisioneros que más tiempo soportó en una cárcel. Su celda se hallaba situada en un lugar de Cuba, y él resistió treinta años preso. Le sigue, en orden de duración, el señor Eusebio Peñalver, invasor de la tropa del Che, negro, veintiocho años en una cárcel castrista. Ellos han comenzado ya a testimoniar personalmente en Italia y en el Parlamento francés de sus experiencias. 
 
 

Para terminar, como escritora cubana, en el exilio desde hace cinco años, pido comprensión y apoyo internacional para los huelguistas de Tamarindo, 34, quienes luchan de manera pacífica por la libertad de nuestro país. Ustedes, con un sencillo gesto, siendo receptivos a estas noticias pueden hacer mucho por esos niños, ancianos, hombres y mujeres que se encuentran entrampados en una realidad caricaturesca, desfigurada por la megalomanía y el afán de poder de un dictador que ha destruido miles de vidas y ha convertido en pesadilla el sueño de emancipación de varias generaciones. 
 
 

De ustedes, medios de comunicaciones de todo el mundo, esperamos que el dolor de Cuba sea reconocido. Que sean identificados los verdaderos héroes de Cuba, o sea, su pueblo. Que sean autentificados los grupos de la disidencia interna y externa y los periodistas independientes dentro de la isla. Esperamos también, por otra parte, que en los eventos internacionales, además de la opinión oficial del régimen cubano, sea escuchada la opinión de los exiliados cubanos. Es éste el verdadero sentido de este artículo: apoyar a los que luchan por la libertad en el mundo y en Cuba. Para que, en el futuro, Cuba pueda ser para todos. Como escribieron en el documento por el que fueron injustamente encarcelados los cuatro periodistas Marta Beatriz Roque, Félix Bonne, Vladimiro Roca y René Gómez: La patria es de todos. 
 
 


Zoé Valdés es escritora cubana. 
 
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