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Boletín de poesía castellana
La poesía cubana
Indice de materias

 
Para los amantes de nuestra poesía, es imprescindible visitar la página consagrada a la poesía castellana. También podréis suscribir al semanario de poesía iberoamericana que, desde hace ya varios años, el autor manda a todos los que comparten su pasión. De esa publicación, yo entresaqué los poemas de autores cubanos.   http://www.tierradigital.com/poesiacastellana/
 
 
Emilio Ballagas
José Ángel Buesa
Julián del Casal
Eugenio Florit
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Nicolás Guillén
José Lezama Lima
José Martí
Reina María Rodríguez
Tony Pichs
 
Emilio Ballagas (Cuba 1908-1954)
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HUIR
 

¡cómo me echara a rodar
por este mundo sin forma!
cómo me diera a correr
driver en auto sin sombra.

Por el paisaje sin forma
huidizo... resbalado:
en el huir y el huir
transfundido.. deshelado.

Por montañas sin recuerdo,
por mares nulos, insomnes,
de azufre, plata y azogue...
amnesia total, deshelado.

Cómo me diera a rodar
-noches, pistas, mares, nombres,
prisas, nubes, torres, mundos-
sin vuelta-liberación-.
¡Oue preso-libre-en la fuga!
La prisa atrás, rezagada.
Libre-¡que preso!-en la fuga.

¡cómo me diera a correr
driver en auto sin sombra;
ya sin amarras del hoy,
libre de ayer y mañana...
desatado, blanco, eterno!
 

José Martí (Cuba 1853-1895)
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MI VERSO

Si ves un monde de espumas
es mi verso lo que ves,
mi verso es un monte,  y es
un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal
que por el puño echa flor;
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro
y de un carmin encendido;
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada;
mi verso, breve y sincero,
es del virgor del acero
con que se funde la espada.
 

Emilio Ballagas (Cuba 1908-1954)
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VIENTO DE LA LUZ DE JUNIO
 

Llévame por donde quieras,
viento de la luz de junio,
-remolino de lo eterno.

¿Adónde?
Si ya he ido, si ya vuelvo.
Si ya nada quiero, nada;
ni lo que tengo, ni aquello
que estuve soñando ayer.

Ahora por no querer y no saber lo que quiero
lo quiero todo... ¡Qué júbilo!
¡Qué beato ahogarse en tu oleaje!
Soy como un niño que estrena
la pura emoción del Quiero.

¡Ay, la espuma, lo lejano
y aquellas voces, naranjas
-tacto, color y fragancia-
que se mecen en las frondas
como sorpresas redondas!

Llévame adonde tú quieras
-tú me ciñes, tú me vences-
que ahora me rindo dócil,
a tu voluntad viajera,
luz de jugar y de huir...

Llévame, llévame, llévame
a secuestrarme en lo eterno
-ansia, oleaje, grupa, crin-
viento de la luz de junio.

           (De Jubiloy fuga)

José Martí (Cuba 1853-1895)
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           A mi madre

      Madre del alma, madre querida,
 Son tus natales, quiero cantar;
 Porque mi alma, de amor henchida,
 Aunque muy joven, nunca se olvida
 De la que vida me hubo de dar.

     Pasan los años, vuelan las horas
 Que yo a tu lado no siento ir,
 Por tus caricias arrobadoras
 Y las miradas tan seductoras
 Que hacen mi pecho fuerte latir.

     A Dios yo pido constantemente
 Para mis padres vida inmortal;
 Porque es muy grato, sobre la frente
 Sentir el roce de un beso ardiente
 Que de otra boca nunca es igual.


 
 
 

Eugenio Florit (Cuba 1903)
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               SONETO

Habréis de conocer que estuve vivo
por una sombra que tendrá mi frente.
Sólo en mi frente la inquietud presente
que hoy guardo en mí, de mi dolor cautivo.

Blanca la faz, sin el ardor lascivo,
sin el sueño prendiéndose a la mente.
Ya sobre mí, callado eternamente,
la rosa de papel y el verde olivo.

Qué sueño sin ensueños torcedores,
abierta el alma a trémulas caricias
y sobre el corazón fijas las manos.

Qué lejana la voz de los amores.
Con qué sabor la boca a las delicias
de todos los serenos oceanos.

                (De Doble acento)
 

 José Martí (Cuba 1853-1895)
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Primeras poesías

        La mujer ideal

  Yo vi, cuando era muy niño, 
 En un camino desierto, 
 Una niña junto a un muerto 
 Orando el cielo por él: 
 Y la vi cómo en su angustia 
 La pobre niña decía, 
 «Ámalo. Virgen María, 
 Tanto como yo lo amé». 

 Pasó un año y en la Iglesia 
 Meditabundo entré un día, 
 Y vi que la Iglesia decía 

 ¡Téngala en paz el Señor! 
 Pregunté por qué lloraba 
 Aquel pueblo del desierto
 Y me dijeron: «ha muerto 
 Nuestra Virgen, nuestro sol.» 

 Y al pie del féretro triste 
 En que a una mujer veía
 En una imagen había 
 La Virgen de la Salud. 
 Pero nada eternizaba 
 Del muerto la angustia calma: 
 No había en el templo ni un alma 
 Ni una rosa en su ataúd. 

 Hoy hace ya mucho tiempo 
 Que murió la niña hermosa, 
 Y en su tumba hay una rosa 
 Rebosando siempre amor. 
 Y es que la adoran ya muerta 
 Como la adoraron viva, 
 Y un alma caritativa 
 Cuida siempre de la flor! 
[1869]

Ultramar. La Habana, mayo de 1946.

Eugenio Florit (Cuba 1903-
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EL ALTO GRIS
 

Que está más alto Dios lo sabes
tú por el fervoroso pensamiento,
aquí, vacío de palabras
y casi ya vado de recuerdos.

Alma de paz que al cielo de la tarde
subes en brazos del silencio
cuando se asoma débil entre nuhes
un sol amarillento.

Más alto Dios en ti. Más firme,
más verdadero
que tú mismo, hilo de humo
con el amor dormido dentro.

Que bien lo sabes. Porque está la noche
en la Ciudad cayendo
y todo en ti se pone gris
con el opaco gris del cielo.

Y con el gris de la callada altura
se van iluminando los ensueños
-gotas de luz que se abrirán más tarde
en unas flores de brillantes pétalos.

Tu lo sabes. Que Dios
abre su rosa de invisible fuego
abora cuando, reina de la altura,
sube tu alma en brazos del silencio.

 


 José Martí (Cuba 1853-1895)
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Amor de ciudad grande

De gorja son y rapidez los tiempos.
Corre cual luz la voz; en lata aguja,
Cual nave despeñada en sirte horrenda,
Húndese el rayo, y en ligera barca
El hombre, como alado, el aire hiende.
¿Así el amor, sin pompa ni misterio
Muere, apenas nacido., de saciado!
Jaula es la villa de palomas muertas
Y ávidos cazadores! Si los pechos
Se rompen de los hombres, y las carnes
Rotas por tierra ruedan, no han de verse
Dentro más que frutillas estrujadas!
Se ama de pie, en las calles, entre el polvo
De los salones y als plazas; muere
La flor que nace. Aquella virgen
Trémula que antes a la muerte daba
La mano pura que a ignorado mozo;
El goce de temer: aquel salirse
Del pecho el corazón; el inefable
Placer de merecer; el grato susto
De caminar deprisa en derechura
Del hogar de la amada, y a sus puertas
Como un niño feliz romper en llanto;-
Y aquel mirar, de nuestro amor al fuego,
Irse tiñiendo de color las rosas,-
Ea, que son patrañas! Pues ¿quién tiene
Tiempo de ser hidalgo? Bien que sienta
Cual áureo vaso o lienzo suntuoso,
Dama gentil en casa de magnate!
O si se tiene sed, se alarga el brazo
Y a la copa que pasa se la apura!
Luego, la copa turbia al polvo rueda,
Y el hábil catador, - manchado el pecho
De una sangre invisible,- sigue alegre,
Coronado de mirtos, su camino!
No son los cuerpos ya sino desechos, 
Y fosas, y jirones! Y las almas
No son como en el árbol fruta rica
En cuya blanda piel la almíbar dulce
En su sazón de maduresz rebosa,-
Sino fruta de plaza que a brutales
Golpes el rudo labradoe madura!
¿La edad es ésta de los labios secos!
De las noches sin sueño! De la vida
Estrujada en agraz! ¿Qué es lo que falta
Que la ventura falta? Como liebre
Azorada, el espíritu se esconde,
Trémulo huyendo al cazador que ríe,
Cual en soto selvoso, en nuestro pecho;
Y el deseo, de brazo de la fiebre,
Cual rico cazador recorre el soto.
¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena
De copas por vaciar, o huecas copas!
¡Tengo miedo ¡ay de mí! De que este vino
Tósigo sea, y en mis venas luego
Cual duende vengador los dientes clave!
¡Tengo sed,- más de un vino que en la tierra
No se sabe beber! ¡No he padecido
Bastante aún, para romper el muro
Que me aparta ¡oh dolor! De mi viñedo!
¡Tomad vosotros, catadores ruines
De vinillos humanos, esos vasos
Donde el jugo de lirio a grandes sorbos
Sin compasión y sin temor se bebe!
Tomad! Yo soy honrado: y tengo miedo!
 


8-Jose Marti (Cuba 1853-1895)
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"La Poesía es sagrada..." 

La poesía es sagrada. Nadie 
de otro la toma, sino en sí. Ni nadie 
como a esclava infeliz, que el llanto enjuga 
para acudir a su clemente dueña, 
la llama a voluntad: que vendrá entonces 
pálida y sin amor, como una esclava. 
Con desmayadas manos el cabello 
peinará a su señora: en alta torre, 
como pieza de gran repostería, 
le apretará las trenzas; o con viles 
rizados curbrirá la noble frente 
por donde el alma su honradez enseña; 
o lo atará mejor, mostrando el cuello, 
sin otro adorno, en un discreto nudo. 
Mas mientras la infeliz peina a la dama, 
su triste corazón, cual ave roja 
de alas heridas, estará temblando 
lejos ay! en el pecho de su amante, 
como en invierno un pájaro en su nido! 
Maldiga Dios a dueños y tiranos 
que hacen andar los cuerpos sin ventura 
por do no pueden ir los corazones!
 
 

JULIÁN DEL CASAL (CUBA 1863-1893)
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   TRISTÍSSIMA NOX
 

Noche de soledad. Rumor confuso
hace el viento surgir de la arboleda,
donde su red de transparente seda
grisácea araña entre las hojas puso.

Del horizonte hasta el confin difuso
la onda marina sollozando rueda
y, con su forma insólita, remeda
tritón cansado ante el cerebro iluso.

Mientras del sueño bajo el firme amparo
todo yace dormido en la penumbra,
solo mi pensamiento vela en calma,

como la llama de escondido faro
que con sus rayos fúlgidos alumbra
el vacío profundo de mi alma.
 

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA (Cuba1814-1873)
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DESEO DE VENGANZA
(Soneto escrito en una tarde tempestuosa)

¡Del huracán espíritu potente,
rudo como la pena que me agita!
¡Ven, con el tuyo mi furor excita!
¡Ven con tu aliento a enardecer mi mente!

¡Que zumbe el rayo y con fragor reviente,
mientras -cual a hoja seca o flor marchita-
tu fuerte soplo al roble precipita.
roto y deshecho al bramador torrente!

Del alma que te invoca y acompaña,
envidiando tu fuerza destructora,
lanza a la par la confusión extraña.

¡Ven... al dolor que insano la devora
haz suceder tu poderosa saña,
y el llanto seca que cobarde llora!

 Sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, ver la página Cubaconexión (la Acera del Louvre)

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA (Cuba 1814-1873)
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Al partir
(Soneto)

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!. . . La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza y, pronta a su desvelo,
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!. . . Ya cruje la turgente vela. . .
El ancla se alza. . . El buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela.

 

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA (Cuba 1814-1873)
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           A Él

Era la edad lisonjera
en que es un sueño la vida;
era la aurora hechicera
de mi juventud florida
en su sonrisa primera:

cuando sin rumbo vagaba
por el campo silenciosa
y en escuchar me gozaba
la tórtola que entonaba
su querella lastimosa.

Melancólico fulgor
blanca luna repartía,
y el aura leve mecía
con soplo murmurador
la tierna flor que se abría.

¡Y yo gozaba! El rocío
-nocturno llanto del cielo-,
el bosque espeso y umbrío,
la dulce quietud del suelo,
el manso correr del río,

y de la luna el albor,
y el aura que murmuraba
acariciando a la flor,
y el pájaro que cantaba...,
¡todo me hablaba de amor!

Y trémula, palpitante,
en mi delirio extasiada,
miré una visión brillante,
como el aire perfumada,
como las nubes flotante.

Ante mí resplandecía
como un astro brillador,
y mi loca fantasía
al fantasma seductor
tributaba idolatría.

Escuchar pensé su acento
en el canto de las aves;
eran las auras su aliento,
cargadas de aromas suaves,
y su estancia el firmamento...

¿Qué extraño ser era aquél?
¿Era un ángel o era un hombre?
¿Era un dios o era Luzbel?...
¿Mi visión no tiene nombre?
¡Ah, nombre tiene: era Él!

El alma soñaba tu imagen divina
y en ella reinabas ignoto señor, 
que acaso su instinto feliz adivina
los rasgos que debe grabarle el amor

Al sol en que el cielo de Cuba destella,
del trópico ardiente brillante fanal,
tus ojos eclipsan; tu frente descuella
cual se alza en la selva la palma real.

Del genio la aureola radiante, sublime,
ciñendo contemplo tu pálida sien,
y al verte, mi pecho palpita y se oprime,
dudando si formas mi mal o mi bien.

Que tú eres, no hay duda, mi sueño adorado,
el ser a quien tanto mi pecho anheló;
mas, ¡ay!, que mil veces el hombre, arrastrado
por fuerza enemiga, su tumba buscó.

       Así vi a la mariposa
inocente, fascinada,
en torno a la luz amada
revolotear con placer; 
insensata se aproxima
y la acaricia insensata,
hasta que la luz ingrata
devora su frágil ser.

Y es fama que allá en los bosques
que habita el indio indolente 
nace y crece una serpiente
de prodigioso poder.
Si sus hálitos exhala,
en apariencia súaves, 
volando bajan las aves
en su garganta a caer.

¿Y dónde van esas nubes
por el viento compelidas;
dónde esas hojas perdidas
que del árbol arrancó?...
Ay!, lo ignoran: las arrastra
el poder de su destino,
y ceden al torbellino
como al amor cedí yo.

Así vuelan resignadas
y no saben dónde van...,
pero siguen el sendero
que les traza el huracán.

Vuelan, vuelan en sus alas
nubes y hojas a la par,
ora al cielo las levante,
ora las hunda en el mar.

¿Y a qué pararse sirviera?
¿A qué el término inquirir?
¡Ya a la altura, ya al abismo,
su curso habrán de seguir!

 

José Lezama Lima (Cuba 1912-1976)
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LA MADRE
 

Vi de nuevo el rostro de mi madre.
Era una noche que parecía haber escindido
la noche del sueño.
La noche avanzaba o se detenía,
cuchilla que cercena o soplo huracanado,
pero el sueño no caminaba hacia su noche.
Sentía que todo pesaba hacia arriba,
allí hablabas, susurrabas casi,
para los oídos de un cangrejito,
ya sé, lo sé porque vi su sonrisa
que quería llegar
regalándome ese animalito,
para verlo caminar con gracia
o profundizarlo en una harina caliente.
La mazorca madura como un diente de niño,
en una gaveta con hormigas plateadas.
El símil de la gaveta como una culebra,
la del tamaño de un brazo, la que viruta
la lengua en su extensión doblada, la de los relojes
viejos, la temible
y risible parlante.
Recorría los filos de la puerta,
para empezar a sentir, tapándome los ojos,
aunque lentamente me imovilizaba,
que la parte restante pesaba más,
con la ligereza del peso de la lluvia
o las persianas del arpa.
En el patio asistían
la luna completa y los otros meteoros convidados.
Propicio era y mágico el itinerario de su costumbre.
Miraba la puerta,
pero el resto del cuerpo permanecía en lo restado,
como alguien que comienza a hablar,
que vuelve a reírse,
pero como se pasea entre la puerta
y lo otro restante,
parece que se ha ido, pero entonces vuelve.
Lo restante es Dios tal vez,
menos yo tal vez,
tal vez el raspado solar
y en él a horcajadas el yo tal vez.
A mi lado el otro cuerpo,
al respirar, mantenía la visión
pegada a la roca de la vaciedad esférica.
Se fue reduciendo
a un metal volante con los bordes
asaltados por la brevedad de las llamas,
a la evaporización de una pequeña
taza de cafe matinal,
a un cabello.

JOSÉ LEZAMA LIMA (CUBA 1910-1976)
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LOS DADOS DE MEDIANOCHE

Buscando la increada forma del logos de la imaginación,
las serenas provocaciones del pájaro cuando se detiene
y queda suspendido o la pesadumbre del pájaro apoyada
en la punta de la rama sin doblegaría,
me encontré con los sentidos necesarios para demostrar los axiomas,
pues hay cosas que nos reclaman la caída de su demostración,
aunque se nos diga que el paredón de los axiomas
no necesita consumirse en su plomada.
Si demostramos que el pájaro rueda por dentro
su dado de aire, lanzado con despreocupación
en la medalla de su éxtasis,
y que ese dado le crea por fuera de su cuerpo su centro
de resistencia, y que la punta de la rama refuerza
su impenetrable, burlándose de la gravedad o la llamada
y de la necesidad que tiene el pájaro de demostrar sus axiomas.

Nicolás Guillén (Cuba 1902-1989)
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EL NEGRO MAR 

La noche morada sueña 
sobre el mar; 
la voz de los pescadores 
mojada en el mar; 
sale la luna chorreando 
del mar. 

El negro mar. 

Por entre la noche un son 
desemboca en la bahía; 
por entre la noche un son. 
Los barcos lo ven pasar, 
por entre la noche un son, 
encendiendo el agua fría. 
Por entre la noche un son, 
por entre la noche un son, 
por entre la noche un son. . . 

El negro mar. 

—Ay, mi mulata de oro fino, 
ay, mi mulata 
de oro y plata, 
con su amapola y su azahar, 
al pie del mar hambriento y masculino, 
al pie del mar.
 

(1947) 

José Lezama Lima  (Cuba 1910-1976)
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 UNA OSCURA PRADERA ME CONVIDA

Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
Sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.
Sin sentir que me llaman
penetro en la pradera despacioso,
ufano en nuevo laberinto derretido.
Allí se ven, ilustres restos,
cien cabezas, cornetas, mil funciones
abren su cielo, su girasol callando.
Extraña la sorpresa en este cielo,
donde sin querer vuelven pisadas
y suenan las voces en su centro henchido.
Una oscura pradera va pasando.
Entre los dos, viento o fino papel,
el viento, herido viento de esta muerte
mágica, una y despedida.
Un pájaro y otro ya no tiemblan.
 

Reina Maria Rodríguez (Cuba 1952)
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VIOLET ISLAND 

(fragmento)

yo conocí a cierto hombre, un hombre extraño.
cuidaba cada día y cada noche la luz de su faro
un faro en la medianía que no indicaba mucho,
un faro pequeño para embarcaciones de poco nivel
y pueblos oscuros de pescadores.  allí, en su isla,
él intercambiaba con su faro las sensaciones
esperando cada día cada noche, esa otra luz
que no vigila la persecución de algún objeto,
esa otra luz que no ilumina nada,
otra luz reflexiva, que cruza hacia adentro,
la distancia entre el puerto seguro del sitio
y el ojo que mira volver, por encima y transparente,
la ilusión provisional que se eterniza:
esa curva del ser tendido junto al faro
sin precaución ni límite, para ser o tener
lo que imperfectamente somos. nada más,
que soñar lo que sueñe y estar donde está
sobre las quietas aguas y apagarlo todo en el cuadro
de un día y ser nuevo otra vez hacia la madrugada
junto al faro pequeño y perdido de Aspinwoll
sin siquiera imaginar que existe algún deseo
fuera de desear la breve luz que cae, anocheciendo,
sobre las quietas aguas y los sonidos muertos ya
de aquellas olas, que en otro tiempo, fueron su pasión:
su dolor; de gozar y sufrir; un refugio sincero.
como el guardafaros de Aspinwoll, sólo en su faro,
yo me quedé dormida, a pesar de la intensa luz que cae
y sobresale por encima del tiempo, a pesar de la lluvia
golpeando el espejo de los peces blancos,
a pesar de aquella luz espiritual que era su alma,
yo me quedé dormida entre el puerto y la luz,
sin comprender:  quería, sólo quería un tiempomás
para volver aprendiendo, no sobre la resaca de la conmiseración
donde atan su mástil los desesperados;
no la fortuna auténtica de vivir sin saber; sin darse cuenta;
no la luz provisional que se eterniza y finge lo que seremos
o el miedo de poseer la realidad opaca, intrascendente.
yo quería la vida sólo por el placer de morir; sobrelas quietas aguas
junto a los peces blancos y estaba impaciente
porque sucediera todavía: la reedición de mi inconsciente
para que alguien hallara allí lo no tocado, la otra voz,
no de este ser intermediario, un cuerpo para medír las grietas
bajas, un cuerpo para la violación de un yo impracticable:
yo me quedé dormida, inconsecuente, en la imaginación
de ese ser otro en la distancia, suficientemente avanzada
para tener iluminación propia en Aspinwoll, pero fracasada
también, oscurecida, como el guardafaros sobre las quietas aguas
de lo que imperfectamente somos, en la medianía
de un faro que no indicaba mucho, a través de la lluvia cálida
y real de lo imposible.

soy Fela.  no te conozco.  este cuerpo con que vendré no es mío.
la aparición será otra cosa:  como despeñarse,una avería,
un silencio.
y si pierdo?  o si gano?  o si atravieso el foso vertical?

me acerco a los animales como únicos sobrevivientes
maravillados con el ocio de la luz
y estos pastos vacíos que atravieso con horror
y llamándolos.  me acerco.  adónde van, adónde van todos?
buscando dónde asir lo que hubo de cierto
y sin espejismos del desastre de ser como únicos sobrevivientes
los plumajes, los picos, las apariciones constantes
del faro en su vértigo tal vez los haga comprender mi intención
de contar todavía alguna sombra, alguna luz.
no quiero domesticar a nadie más:  todo lo contrario.
que ellos penetren con su sabiduría en mis voces
y se acerquen sin ser; sin pedir; sin darse cuenta
pero conociendo desde el doblado ojo enrojecido, otro lenguaje
otra profundidad que no marque lo seguro, ningún término,
ninguna valentía.  sólo estar donde estamos y posarnos
como inteligencias diferentes en la sensación, pretándonos
dolor; angustia, alguna llama estable.

y ahora dime... gime al oído
fue una ciudad con puerto.
los nombres de sus barcos profundos
anclaron alguna vez aquí.
nombres raros con esmaltes muy fuertes
y encendidos.
estábamos rodeados de horizonte y de agua.
porque los puertos permiten olvidar y recibir
olvidar y volver.
fue una ciudad con puerto
donde ya no se ha ido ni ha vuelto nadie más
una niebla permanente cubre la tela de fondo
todavía azul y humedecida del invierno
y el descolorido ondear de las banderas
agujereadas por la sombra.
si bien antes fue un limite
cuando salías a mirarlo y correr
ahora es sólo la apariencia de un límite
el sonido de las sirenas muertas
que ya no suenan a través de ti
ni se confunden ni te llaman.
pero en dónde está el puerto?
¿y los barcos?
¿y el faro?
¿y los hombros de los marineros convidándote
a otros puertos oscuros?
 

Tony Pichs
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                Nostalgia.

Por mucho que voy y vengo 
Pienso en mi Cuba hermosa
Que me trae tantos recuerdos
A los que no  puedo olvidar
La altura de sus palmas
El cielo tan azul
El cantar de los sinsontes
Y el verde de sus montañas.
La gente que te abrazan sin mirar tu color, no miran de donde vienes
Te abrazan como a un hermano, te dan  su mano franca, y una sonrisa  sincera, que les viene del alma
Cuba de mi Cuba
Cuba de mis entrañas
Como no pensar  en ti
Cuando de mí no te separas 
En todos mis sueños te llevo
Con una dulce esperanza
Que el próximo viaje que haga
Sea quedarme en la Habana
Tomar un café, con libertad en su aroma
Y poder ver las palomas volar con alegría 
Ver las cárceles vacías sin una mancha de pena
Convirtiéndolas en escuelas donde se enseñe, el amora la bandera.
Morir, ya no me importa donde
Pero si un deseo yo tengo
Que antes que eso suceda
Me dejen visitar a la Habana
Poder bañarme en sus playas y recordar a mi infancia
Sentirme de nuevo un niño, lleno de esperanzas
Poder borrar de mi mente cuando tuve que abandonar a mi patria 
Porque desde que eso sucedió, no he podido olvidar a la Habana.

                                        9/2000
 
 
 
 

 

7-José Ángel Buesa (Cuba 1910-1982)
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SONETO PARA LA LLUVIA

Mi corazón no sabe lo que espera,
pero yo sé que espera todavía,
Igual que aquella noche que llovía
y te besé bajo la enredadera.

Tu amor se fue como si no se fuera,
pues algo tuyo vuelve cada día,
y me dejaste la melancolía
de doblar el pañuelo a tu manera.

Esta noche de viento y lluvia fría
quiero pensar que,si tu amor volviera,
al dejar de llover ya no se iría.

Y estoy aquí, bajo la enredadera;
y,como aquella noche que llovía,
mi corazón no sabe lo que espera.
 

Tony Pichs
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LA ROSA PERDIDA

Entre amar y querer, en un jardín inmenso 

vive una rosa perdida, que casi apenas se ve 

al amanecer, se abren sus hermosos pétalos 

para amar en secreto, a su Don Juan de papel

mientras que en las noches, cuando el sol ya se fue

Le dice te quiero a un sueño, y le dice te quiero al desvelo.

Entre amar y querer, se ve perdida una rosa 

y sin saber que hacer, esperando que cuando pase su amado 

Entre tantas rosas, a ella la pueda ver.

Así vive una rosa perdida, siendo feliz en el día 

y prefiriendo amar en secreto, a su Don Juan de papel

Aunque le tenga que decir a la noche te quiero, pero amarlo, es a él.


 
 
Os aconsejo también visitar la Aceradel Louvre en Cuba connexion
http://maensl.com/cuba/LOUVRE.htm