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ANGOLA Y EL ÚLTIMO ROBO
El testimonio de Esteban
Indice de materias

 
 
     Después que terminamos la carga en Bangladesh, partimos rumbo a Luanda la 
capital de la República Popular de Angola, nuestras bodegas estaban 
completamente llenas con carga de Corea y el último país visitado, en Luanda 
cargaríamos unas mil toneladas de armamento, que irían sobre cubierta dentro 
de contenedores. 
  El asunto de los víveres lo habíamos resuelto y este nos alcanzaba para 
realizar la travesía con un poco mas de tranquilidad, sin embargo, los que 
dominábamos la situación a bordo rezábamos, para que no se nos presentara 
ningún problema durante este largo viaje, tuvimos que zarpar sin poder 
comprar un balón de acetileno, el dinero nunca llegó y ya sabíamos que 
tampoco llegaría. 
  La gente se dirá bueno y cual era esa preocupación por algo tan sencillo 
como lo es un balón de acetileno, pero el que ha navegado sabe que esto es 
algo que no debe faltar nunca a bordo de ninguna nave, porque en el caso de 
que se produzca alguna avería en las tuberías del departamento de máquinas, 
es imprescindible para realizar trabajos de cortes y soldadura autógena. 
Cuba no tenía dinero para eso tan insignificante que podía poner en peligro 
al buque y su tripulación. 
  Nuestra navegación por el océano Indico fue sin dificultades, pero cuando 
nos disponíamos a entrar en el Estrecho de Madagascar, se formó un ciclón a 
unas 80 millas de nuestra posición y este se mantuvo en un rumbo casi 
paralelo al nuestro durante una semana, tiempo en el que dormir era casi 
imposible por la cantidad y fuerza de los bandazos y cabezadas, que daba la 
nave por las condiciones de un mar con olas de 10 y 12 metros de altura. En 
estas condiciones fue cuando mas me preocupaba, nunca había sentido tanto 
amor por aquellas tuberías, que resistieron las violentas vibraciones que 
sufría el buque. 
  Hacía doce años que me había marchado de este país donde cumplí año y 
medio de Misión Internacionalista, la recalada a la punta de la Ilha para 
tomar al Práctico que nos entraría al puerto, me trajo muchos recuerdos, 
enseguida me puse a hablar en el casi olvidado portugués, que había 
aprendido en ese tiempo con el Práctico, le dije que yo había tripulado al 
buque "Ngola", entonces me señalo para la costa y me mostró a aquel 
maravillosos buque varado, hacía unos años que el barco había muerto y 
determinaron encayarlo en la costa, estas son cosas propias de países 
subdesarrollados, se pudo haber vendido como chatarra de acero como hacen 
muchos países, nosotros los muertos de hambre no lo hacemos y me dio mucha 
pena verlo allí pudriéndose miserablemente, sentí dolor por algo que no era 
mío, pero formaba parte de mi vida y nosotros los verdaderos marinos, 
llegamos a amar a los barcos de la misma manera que se quiere a una casa, en 
algunos casos los queremos como a una mujer. 
  Le pregunté por algunos de sus tripulantes que eran muy conocidos, algunos 
habían muerto, otros se habían quedado en el extranjero al no simpatizar con 
el sistema, era evidente que no pudieron escapar a la epidemia del éxodo 
como nosotros, sin embargo, mi mejor amigo estaba en Luanda y él lo conocía, 
le pedí de favor que le avisara. 
  Habían otros barcos cubanos en el puerto, todos estaban participando en la 
retirada de las tropas cubanas de ese país, antes de dirigirnos al muelle 
donde deberíamos tomar la carga, nos llevaron para el muelle de la refinería 
de petróleo con el fin de 
suministrarnos combustible, muy cerca de allí se encontraba la prisión que 
yo visitara en varias ocasiones, para atender al Maquinista que había matado 
al Secretario del Partido de muestro barco. 
  Una vez en la refinería nos pidieron que estudiáramos la posibilidad de 
llenar además de los tanque de combustible, los de lastre también. Por el 
acuerdo firmado en el tratado de la retirada de las tropas cubanas, Angola 
suministraría el combustible de las naves que participaran en esta maniobra. 
Pero llenar los tanques de lastre significaba que le robaríamos combustible a 
este país, que le robaríamos a nuestros hermanos, que los estábamos 
traicionando en nuestra salida y de verdad que sentí desprecio por lo que 
hacíamos 
  Por suerte para ellos, nuestro buque no tenía la posibilidad de hacer 
ningún tipo de trasiego con ese combustible una vez llenado los tanques, 
ellos habían sido diseñados solamente para ser llenados de agua de mar 
cuando fuera necesario y no poseía conexiones adicionales para hacer otro 
tipo de uso, de haber existido esa posibilidad, le hubiéramos robado mas de 
mil toneladas de combustible a Angola, pero esto no quiere decir que aquella 
fechoría no se haya realizado, allí estaban barcos de fabricación rusa del 
modelo Nieper, que su diseño incluía esta posibilidad, o sea, cada barco de 
este tipo que pasó por Angola, se robó mas de mil toneladas de petróleo, era 
de verdad un asco esta traición al pueblo angolano. 
  Cuando atracamos en el muelle de los militares, estaba rodeada toda el 
área de contenedores para protegerse de los franco tiradores, había miedo y 
desmoralización en las tropas que participaban en las operaciones de carga, 
los muchachos del Servicio Militar se expresaban abiertamente en contra del 
gobierno cubano, en ausencia de sus jefes y se arrepentían del tiempo que 
habían perdido en sus vidas, yo los apoyaba con mi silencio no podía hacer 
otra cosa, pues no los conocía. 
  Mi mejor amigo apareció y nos fundimos en un abrazo ante la sorprendida 
mirada de todos los que nos rodeaban, era de origen caboverdiano y doce años 
atrás había sido subordinado mío en el barco angolano, pero mas que esto 
Pedro había sido durante el año y medio que trabajé con ellos, algo así como 
un hermano. Ambos lloramos de alegría por los doce años que teníamos sin 
vernos, pero ese día ni ninguno pude salir a compartir con su familia, esa 
fue la única vez que nos vimos y ese poco tiempo juntos recorrimos el pasado 
con un poco de nostalgia, pero cuando llegamos al presente ambos los vimos 
desde el mismo ángulo, con mucho dolor y con exceso de rabia. 
  Cuando me entregaron la lista de la carga, pude comprobar que todo el 
armamento que nos llevamos no era ruso ni del campo socialista, allí 
viajaban los trofeos de guerra, armas de países capitalista que luego 
servirían para alimentar a las guerrillas en otros países, para sembrar mas 
muertos y tratar de implantar un sistema que ya comenzaba a ser solamente un 
fantasma. 
  Nos fuimos de Angola como habíamos llegado, robando, pero nada quedaba de 
la arrogancia de aquellas tropas que se vanagloriaban de sus antañas 
victorias, allí también fuimos derrotados. 
 
 
                                        Esteban Casañas Lostal.
                                            Montreal..Canadá.
                                             01-08-1999