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 De un médico venezolano al embajador cubano
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   Importante escrito en el Diario El Universal Caracas 
Domingo 4 de  Marzo de 2001     
Cartas al editor  
De un médico venezolano  al embajador cubano 
  
Excelentísimo señor embajador, 
debería usted bien conocer que es de ética  elemental el que un embajador no se inmiscuya en los asuntos internos del  país que le acoge como huésped. Sus insolentes declaraciones sobre los  médicos y no desmentidas, recogidas en la edición de este diario del 18 de  febrero retropróximo, me obliga moralmente a enmendarle. 'El sistema de  valores' que usted nos endilga, según el cual, 'nuestra intención al  estudiar Medicina es obtener un título y una acción en una clínica privada',  además de insultar nuestra dignidad, con aviesa intención nos expone al  desprecio público y nos desacredita ante nuestros enfermos.    
Después de todo, somos sus médicos y sus miserias todo cuanto poseen. Usted  emplea el procaz léxico del Presidente para dividirnos en 'oligarcas' y  'proletarios', epítetos para agraviarnos nunca por nadie utilizados. Siendo  antipático hablar en primera persona, debo expresarle que como muchos de mis  colegas, y aunque a usted le duela, recibí en LIBERTAD una excelente  formación moral, ética y académica que coloca al paciente como principio y  fin del acto médico, paradigma que he tratado de inculcar a mis numerosos  alumnos.    
Como tantos, por cerca de 40 años y por un magro sueldo hemos trabajado con  tesón la mitad de nuestros tiempos en un hospital público subsidiándolo con  nuestro ejercicio privado. Este último, lo hemos ejercido como profesión  liberal en clínicas privadas en LIBERTAD, con honestidad, mística y orgullo.  Pero además debe usted saber que en lo personal he visitado Cuba en tres  ocasiones. No lo hice por curiosidad o turismo y le confieso que no conozco  Varadero. He sido y he continuado siendo un invitado de sus médicos. Por  respeto a ellos, nunca hice uso de cuanto vi u oí en su país. Su irritante  intromisión me indica que es tiempo de hacerlo.    
En mayo de 1993, cuando su gobierno al fin dio a conocer al mundo una  epidemia que, a pesar de sus adversas consecuencias, había mantenido en  secreto desde 1991 y amenazaba con dejar en la umbra visual a más de 40 mil  sufrientes, formé parte de una misión humanitaria que visitó la isla.  En  compañía de colegas cubanos y de diversas procedencias, examiné personas  afectadas, ayudé a definir el paciente-tipo y a esclarecer las causas de lo  que se dio en llamar Neuropatía Optica Cubana, y que en resumen, a despecho  de que se haya invocado un factor multifactorial, fue trasfondo de miseria y  hambre. En cinco ocasiones me reuní con su Comandante para discutir  estrategias diagnósticas de la epidemia, hoy por cierto trocada en endemia.  En una de estas reuniones y aunque parezca una pretensión el decirlo, una de  mis colegas cubanas dijo públicamente que la neuro-oftalmología cubana se  dividía en dos períodos, antes y después de las visitas docentes del doctor  Muci.    
A pedido de su Señor, hice mi último viaje a Cuba. Les comuniqué todo cuanto  sabía, guiados de mi mano aprendieron nuevas técnicas, mis diapositivas  fueron copiadas, mis charlas videograbadas. No pedí nada a cambio. Mucho me  fue ofrecido, pero el olvido es traicionero. Una simple esquela de  agradecimiento me fue regateada. Regresé con la satisfacción del deber  cumplido y un rictus de dolor al recordar la mirada famélica de mis colegas,  trasunto de hambre de LIBERTAD, hambre biológica, pero también hambre  intelectual al carecer de los instrumentos básicos para adquirir  conocimientos: libros y revistas científicas.    
Mientras tanto, Cuba exportaba su revolución con los dineros de un pueblo  miserable. Pude apreciar allí dos clases de médicos. Unos, 'los olvidados',  a lo peor, distanciados del partido comunista, que ocupan los escaños más  bajos de la pirámide médica sin esperanzas de ascender. Esos no asistieron a  mis charlas. En mi universidad asisten a mis cursos, en LIBERTAD y por libre  albedrío quienes así lo deseen, sean médicos, estudiantes y aun miembros de  otras profesiones. La otra clase, que llamaré 'la nomenklatura', los  ubicados en el vértice, tenían acceso a la escasa tecnología y eran celosos  guardianes de los libros, depositarios del poder que da el conocimiento.    
Esos, privilegiados del sistema, tienen acceso a los banquetes, viajan al  exterior con dólares, olvidando aquellos pobres colegas que se quedaron en  casa. La sociedad cubana es una sociedad triste donde se habla calladito  para no ser escuchados por el Estado policial, donde se asciende siendo fiel  y denunciando; en fin, trepando por sobre las cabezas de otros. La medicina  de avanzada que ostentan, está apoyada en una ingeniosa propaganda, pero en  realidad es una triste farfolla. Los delineamientos de su 'mar de felicidad'  han encontrado eco en un gobierno antinacionalista, formado por una chusma  precaria de talentos.  Por ello, con la creatividad castrada y a un coste de  1,3 millones de dólares diarios, prefieren buscar 'asesorías' y enviar  enfermos a la isla. Su nulidad y estulticia les impide tomar medidas de  contingencia para ayudar a tanto necesitado que clama en nuestros hospitales  por la resolución de sus problemas.    
Como usted declara, traer '1.500 profesionales' de sus fábricas de médicos,  es otro inaudito ejemplo de traición a la Patria, de desnudez neuronal, un  intolerable insulto, una incomprensible medida si se toma en cuenta, por una  parte, el desempleo local y, por la otra, el que apenas son necesarios menos  de 59 médicos para llenar las medicaturas vacantes para las que, estoy  seguro, hay voluntarios. Las erradas políticas de salud no es culpa de los  médicos. Son exclusiva competencia del Estado venezolano.    
Hago mío el eco lastimero de mis pacientes y reclamo para ellos el dinero  que injustamente se regala a ustedes. Esos pobres seres han visto empeorar  sus dolencias a lo largo de cuarenta años de apatía, pero a no dudar, ahora  se encuentran peor, desde que 'el proceso' trata de rasarnos con ustedes,  por lo bajo. Hay en la isla de Cuba demasiados aspectos que mueven a  vergüenza y dolor para que usted cínicamente nos censure.  Se puede engañar a alguien una vez, pero no a todos todo el tiempo.
    
DR. RAFAEL MUCI-MENDOZA  C.I. 
1.345.517rafael@muci.com   <<...>>   >>