José Martí (Cuba 1853-1895)
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Primeras poesías

        La mujer ideal

  Yo vi, cuando era muy niño, 
 En un camino desierto, 
 Una niña junto a un muerto 
 Orando el cielo por él: 
 Y la vi cómo en su angustia 
 La pobre niña decía, 
 «Ámalo. Virgen María, 
 Tanto como yo lo amé». 

 Pasó un año y en la Iglesia 
 Meditabundo entré un día, 
 Y vi que la Iglesia decía 

 ¡Téngala en paz el Señor! 
 Pregunté por qué lloraba 
 Aquel pueblo del desierto
 Y me dijeron: «ha muerto 
 Nuestra Virgen, nuestro sol.» 

 Y al pie del féretro triste 
 En que a una mujer veía
 En una imagen había 
 La Virgen de la Salud. 
 Pero nada eternizaba 
 Del muerto la angustia calma: 
 No había en el templo ni un alma 
 Ni una rosa en su ataúd. 

 Hoy hace ya mucho tiempo 
 Que murió la niña hermosa, 
 Y en su tumba hay una rosa 
 Rebosando siempre amor. 
 Y es que la adoran ya muerta 
 Como la adoraron viva, 
 Y un alma caritativa 
 Cuida siempre de la flor! 
[1869]

Ultramar. La Habana, mayo de 1946.